
Jugar póker requiere de muchas variables: la suerte, las estrategias, el conocimiento, la razón. Sin embargo, hay una variable que es fundamental: contener las emociones.
Los jugadores principiantes no contienen emociones. Generalmente tienen un rostro muy revelador y se tornan previsibles. La famosa “cara de póker” puede ser una gran arma o una gran enemiga.
Es por esto que las emociones se deben controlar y la frialdad es un arma muy eficaz. Lo fundamental es conocer a los oponentes o al menos estudiarlos en una primera visión.
Controlar las emociones es un factor clave ya que si logramos hacerlo podremos manejarlas a favor nuestro y hasta nos dará la posibilidad de hacer Farol, es decir, hacer alarde cuando no tengamos nada para intimidar.
Una clave que los grandes jugadores ya han asimilado y que sirve para cualquier jugador que se inicia en el póker.

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